Crónica del Camino de Santiago 2019

Un grupo de religiosos agustinos han realizado un tramo del Camino de Santiago entre los días 1 a 7 de julio.

Aquí queda recogida la memoria de estos días.

Entre las sugerencias surgidas al calor de la inquietud y esperanza comunitaria, floreció una idea que la Comisión de Vida Religiosa se arriesgó a transformar en una propuesta de actividad. Ésta consistía en recorrer algunas etapas del Camino de Santiago como comunidad agustiniana, para quienes voluntariamente así lo desearan, tras los anuncios oportunos y para los días del 1 al 7 de Julio. Como se consideró y comunicó, dicha “actividad […] (podía) ser contabilizada en este curso como formación permanente”.

¿Con qué objetivos? La actividad podía ser recibida como un marco magnífico sobre el que proyectar (también) los grandes valores del “Objetivo anual de animación de Vida Religiosa para el curso 2018/2019” y expresados en el lema escogido: “Sed santos: la vida fraterna nos impulsa a celebrar la fe en comunidad y fomentar la acogida, el encuentro y el servicio”. A esto se podían sumar otros motivos: vivir en primera persona (por primera vez o no) el espíritu de “peregrinación” que hemos heredado de la fe y la tradición cristiana; ejercer la convivencia religiosa entre religiosos de diferentes provincias en este momento de experiencia federativa (y camino hacia la única Provincia en España) en unos días que permitían el intercambio de experiencias, el conocimiento personal, la amistad, la cooperación; el contacto con peregrinos que se dan cita en tal camino buscando profundizar en la existencia y en el misterio religioso; la reflexión y renovación personal…

Coordinaron la actividad y participaron de ella Isaac Estévez Sánchez, Gabriel Bautista Nieto y Víctor Fernández Santos. Llegado el momento, también se enrolaron en el proyecto: Antonio Iturbe Saíz; Miguel Ángel Martín Juárez; Agustín Riveiro Lamas; Antonio A. Castilleja Domínguez; Santiago Sierra Rubio; Miguel Gómez Martín; Mario Fernández Bellido; Miguel Ángel Orcasitas; Jesús M. Utrilla Trinidad; Marcelino Estaban Benito; Jesús Cano Peláez. Catorce personas constituimos el grupo. Originalmente se había recomendado un grupo de 20-25 personas. También cabía llevar recursos: un religioso llevó y usó la bicicleta; el resto hizo el recorrido a pie.

Como parte de la organización que se previó desde el inicio, se reservaron con antelación las plazas en albergues, pensiones, posadas, hoteles para todos. El grupo partió en dos coches y una furgoneta. Se dejó abierta la posibilidad de hacer todo el recorrido escogido o las partes hasta donde alcanzaran la fuerzas de cada quién. No se puso tope a la edad para la actividad. En esta ocasión participaron religiosos entre 44 y 82 años. Y, tal como se anunció, un coche estuvo disponible como apoyo para buscar a las personas que requirieron atención y asistencia.

Un presupuesto que el camino requería y que se comunicó era no sólo “estar en forma” espiritual y físicamente. Se sobreentendía estar acostumbrado a andar o haber practicado el caminar las semanas previas a las exigencias del acontecimiento. Y el método acordado el primer día de reunión, asesorados por quienes más experiencia tenían, fue madrugar a fin de coger las mejores horas del día y evitar así el calor excesivo o agotador. Tras el arduo y decidido ejercicio de la mañana, sin duda exigente, la tarde se podía emplear para el necesario descanso y reparar fuerzas, lavar la ropa, compartir, rezar, llenarse de la cultura del entorno visitando algún lugar de interés en la localidad alcanzada o próximo a ella. Para el intercambio y formación espiritual se contó con momentos de oración por la mañana y por la tarde, la participación en la misa del peregrino en las diferentes comunidades a que se arribase, algunos subsidios escritos como guías litúrgicas y para la reflexión y del compartir. A lo que cada quién podía añadir otras cosas: textos, audiolibro, tableta, charla gravada en el móvil…

Puestos en acción, éstas fueron las etapas realizadas: Lunes, 1: partiendo desde los diferentes puntos a primera hora de la tarde, nos reunimos en Sarria (Lugo). Ésta y las siguientes localidades escogidas formaban parte del llamado ‘camino francés’ vía a Santiago. Se esperó a los faltantes y se preparó la partida del día siguiente. Tras un intercambio de impresiones y repartido el material escrito, se acordó el horario. Cena y a dormir. Martes, 2: Levantada de madrugada. La ruta consistió en caminar los veintidós kilómetros desde Sarria hasta Puertomarín (Lugo) donde dormimos. Concelebramos misa con los peregrinos en la iglesia de San Juan, de estilo románico. Miércoles, 3: Se recorrió la ruta desde Puertomarín hasta Palas de Rei (Lugo). En su concello, centro de reunión de peregrinos en la ruta jacobea (y antes punto de la vía romana Astorga-Lugo), quedan restos de castros celtas. Concelebración en la Parroquia de San Tirso con rezo de vísperas. Jueves, 4. Se recorrió el tramo que hay entre Palas de Rei y Melide (La Coruña). Recién llegados, el cambio climático a media tarde hizo preciso el uso del chubasquero. En la comida, se probó el famoso pulpo a la gallega del lugar. Concelebración en la iglesia de San Pedro con rezo de vísperas en la capilla del peregrino.

Viernes, 5. Se recorrió la ruta entre Melide y O Pedrouzo (La Coruña). Concelebramos en la Iglesia Santa Eulalia, atendida por sacerdotes de la Congregación de los Siervos de La Caridad, fundada por el italiano San Luis Guanella. Rezo de vísperas en la capilla del perigrino. Sábado, 6. Se recorrió la ruta entre O Pedrouzo y Santiago de Compostela (La Coruña). Descanso y reunión del grupo en el Monte del Gozo. Entrada en Santiago al mediodía. Visita a la Catedral (en obras); abrazo a la imagen del Apóstol Santiago y oración en la cripta con los restos del Apóstol Santiago. Visita a la Oficina de acogida al peregrino, donde entregan ‘la Compostela’, el documento que acredita el recorrido mínimo pedido (hecho por motivos religiosos o espirituales) y que se documenta mostrando la ‘Credencial del Peregrino’, instrumento en que uno recoge los diferentes sellos que se ofrecen por cada etapa. Después de comer, visita al Arzobispo de Santiago de Compostela, Mons. Julián Barrio Barrio. Larga y amena visita. A continuación recorrido cultural por el Pórtico de la Gloria, del Mestre Mateo (y que reabrió en julio del 2018 tras diez años de restauración). Concelebración en la Iglesia de San Francisco. Antes de ir a dormir la expedición realizó en grupo la evaluación de la experiencia. Domingo, 7. Tras el desayuno, vuelta a casa o al siguiente destino.

Evaluación. Nos decía el Arzobispo Mons. Julián en la conversación con él tenida, al comentar el riesgo de secularización que amenaza al camino: caminar a Santiago sin una experiencia espiritual convierte al camino en cualquier cosa menos algo cristiano. Pero tal experiencia es personal en parte. Cada quién ha de contar cómo vivió su andar y qué ganó al final. Cuando uno habla con el peregrino, individualmente, intuye -continuaba- que hay mucha más fuerza y motivación religiosa genuina en el fondo que la que sugiere la actividad comercial, la imagen especulativa o la política cultural aconfesional que también se dan cita en el camino. Nuestra lectura agustiniana de esta experiencia resalta algunas notas.

a/. La finalidad ha sido el encuentro con Dios, meditando la vida santa y misionera de quienes, como Santiago, se encontraron, siguieron y trabajaron para su Señor, Jesucristo, quien dijo de sí: “Yo soy el camino”.

b/. Encontrar al Señor que también es Vida y Verdad lleva a la “confesión”. Caminar te lleva renovar tu afirmación del símbolo de la fe cristiana y narrar tu testimonio (lo que el Señor ha hecho contigo). Decía Mons. Julián: el verdadero camino es el de vuelta, el del compromiso en la misión desde la transfiguración que te regala la gracia. Todo ello implica recibir la confesión como reconciliación. Esa era la estructura original del camino. El sacramento de la confesión vivido al final del camino tenía una expresión artístico-simbólica tallada en la piedra del pórtico de la Gloria, anuncio de la consumación redentora que Dios da al final del camino de la vida.

c/. La corporalidad tiene su puesto en el camino: caminar te obliga a preguntar a, dialogar, preparar, cuidar, reparar tu cuerpo, esa parte de tu persona que te permite cumplirlo. Cuerpo como parte del misterio de la propia encarnación.

d/. Corporalidad también cósmica, proyectada en el paisaje. El camino te permite retomar directamente la experiencia del paisaje. Imposible no acordarse de algún verso de Fr. Luis de León o de Jorge Guillén alusivo al paisaje como aparición de la belleza natural y su evocación de la eterna.

e./ El camino te permite andar en solitario pero la experiencia fundamental es la compañía con el otro. Descubres de hecho nuevas facetas y virtudes de los hermanos que conocías o las descubres en quienes no han convivido antes contigo. Pero caminar con personas de todas las edades y de múltiples nacionalidades te lleva a ver proyectada aquí y ahora la universalidad de la fe y la catolicidad de la iglesia. Tampoco olvidamos -y en algunas conversaciones salieron datos- de la historia de los agustinos en tierras de Galicia que estamos invitados a releer.

Al hacer la evaluación la noche del sábado, coincidimos en dar a la gracias a la Federación que permitió que esta experiencia se diera. Se resaltó el buen ambiente que hubo de inicio a final entre nosotros. El ambiente interprovincial nos hizo sentir un aire fresco y gran esperanza del camino que estamos recorriendo como federación y del futuro de la nueva Provincia de Agustinos de España. Reconocimiento especial tuvieron quienes coordinaron antes y durante el camino todos los detalles y quienes ejercieron funciones especiales como el transporte de mochilas o la comisión de bienvenida en cada etapa. Nos felicitamos quienes tuvimos esta oportunidad y animamos a otros a que la prueben. Dicen que quien peregrina a Santiago repite. La llama quedó encendida.